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17 may 2010

Algunos apuntes sobre el periodismo actual

Últimamente parecería que criticar el periodismo se ha vuelto un hobby. Ya tuvimos algunas enardecidas intervenciones en la asignatura para la que se hace este blog, a principio de curso. Unos meses después, un compañero del máster mandaba un enlace a Periodismo Humano diciendo que no sabía "si el periodismo puede ser humano, pero al menos las noticias que ofrece esta gente son distintas". Un comentario que he visto hacer en casi todos los enlaces a noticias de dicho portal de mis contactos en Facebook.
Mi problema con el periodismo, lo reconozco, es absolutamente personal e intransferible y viene de mi adolescencia, cuando una serie de diarios sevillanos (o en su edición Sevilla) cubrieron un suceso acaecido en mi entorno cercano con un sensacionalismo bochornoso, que hirió realmente a personas que me importaban. De hecho, es probable que en aquella época yo misma quisiera ser periodista, pero aquel hito me marcó de tal forma que desde entonces me siento incluso un poco agredida cuando me llaman periodista (cuando es la única carrera de las tres de Ciencias de la Información por la que no pasé; claro, que es complicado explicarlo cuando las otras dos son tan nuevas que un gran porcentaje de la población no las considera carreras universitarias).
Hace un mes, me enviaban esta "noticia" (no estoy muy puesta en el género, pero sospecho que no es una noticia), resumen de un capítulo de un reciente libro de Pascual Serrano sobre el debate actual en torno al periodismo. El caso es que el panorama que se dibuja en el texto es en parte esperanzador... Pero hay que creérselo. Finaliza diciendo que "No se trata de militancia, sino de de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una gran empresa de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, al militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o al que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo."
Mi pregunta es dónde se puede trabajar hoy día para hacer esa diferencia de ejercicio profesional. Porque mi problema, claro está, no es con los periodistas. Ni siquiera con aquellos que hace diez años metieron las narices donde nadie les llamó para dibujar a alguien de forma que se transformase en un personaje adecuado a su narrativa dramática cuando simplemente era una persona con un problema. Esos periodistas no tuvieron tiempo de hacer otra cosa. Ni les hubieran aceptado una cobertura de un suceso que se saliera del género suceso: drama, morbo, ejemplificación de la desviación social, etc.
Mi problema es, pues, el de todos: ¿existe alguna empresa mediática donde se pueda trabajar de forma "decente"?

La pasada semana, Guillermo Ortiz publicaba este artículo sobre Arcadi Espada y el caso Factual. Seguramente desde el desconocimiento del problema personal de Guillermo Ortiz con Factual (al final, todo parece convertirse en problemas personales) el post destile una belicosidad innecesaria, pero, por favor, quédense con las conclusiones. Un proyecto de periodismo diferente, que se anunciaba pomposamente como "El periodismo no se vende. Se compra", convertido en una especie de microestafa a todos aquellos suscriptores que confiaron en que una independencia del anunciante significaba algo, a todos aquellos colaboradores que quisieron ejercer un "periodismo decente", distinto.



Le deseo toda la suerte del mundo a Periodismo Humano y a iniciativas similares, claro que sí. Pero en el fondo, lo mínimo que puedo recordarles es que Soitu cerró. Quizá deberíamos ser un público un poco más agradecido, y mimar un poco a esos medios donde los periodistas pueden trabajar y a pesar de eso, dormir por las noches.

24 abr 2010

El vídeo como herramienta educativa

Ayer, en la sesión del Seminario de Teorías y Métodos de las Ciencias Sociales que organizan unos compañeros del máster (y por el que deberíais pasar si aún no lo habéis hecho), la sesión se centró en el análisis de realidades sociales a través del cine de resistencia.

De entre muchas otras ideas interesantes que surgieron, me gustaría rescatar la de que el vídeo está infravalorado: como fuente documental, por no saber hasta qué punto está plasmando la realidad o sólo interpretándola; y como recurso educativo, por considerarse poco académico.

Obviamente, esta posición se defiende desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Los que hemos estudiado en una Facultad de Comunicación (o Ciencias de la Información o como quieran llamarla; los taxistas lo resumen en "Periodismo") estamos perfectamente acostumbrados a las clases multimedia, y de hecho la pasada semana tomábamos café frente al edificio nuevo y veíamos en simultáneo las proyecciones en tres aulas distintas. Pero sí creo que el vídeo se está infrautilizando.

Como decíamos ayer, es un recurso perfectamente legítimo dentro de la educación secundaria, por su potencial ilustrativo y porque al fin y al cabo no es fácil captar la atención de la generación multipantalla. Gonzalo Abril nos mostró en clase la diferencia entre los libros de texto de hace unas décadas y los actuales y creo que resulta bastante obvio, simplemente viendo una página de uno y de otro, que el modelo de transmisión de información está cambiando. Sin embargo, más allá de lanzar un debate o de tematizar una sesión, poco se hace con este tipo de materiales.

En mi opinión, hay un problema fundamental a la hora de utilizar el vídeo "científicamente", y es la falta de soporte teórico que conlleva el hecho de que sea un soporte nuevo. Como resaltaba un compañero durante el debate de ayer, las ciencias sociales tienen perfectamente asumida su relación con la literatura, que es igualmente una interpretación de los hechos creada interesadamente por un autor, pero no con el cine. Probablemente porque la teoría literaria tiene varios siglos de ventaja sobre la teoría cinematográfica.

Mi experiencia, al menos, es que a muchos docentes les cuesta contextualizar las piezas audiovisuales. No se transmite la misma sensación de relevancia cuando se indica al alumnado que lea un texto que cuando se proyecta un vídeo. ¿Por qué este vídeo es importante? ¿En qué tengo que fijarme? Tampoco parece que haya una cultura de la recepción formada como para que se pueda confiar en que, igual que se extraen conceptos y citas de los textos, se pueda seleccionar la información más relevante, especialmente en un soporte mucho más complicado de manipular que un texto, que se subraya y permite anotaciones en los márgenes. Creo que en ocasiones damos por sentado que la costumbre de consumir cine o televisión es sinónimo de saber ver cine o televisión; que conocer los hits de YouTube nos aporta una educación audiovisual, cuando es obvio que no la tenemos. La escucha activa existe, claro que sí, y por supuesto que las audiencias son capaces de reconstruir el mosaico tras la fragmentación de las informaciones audiovisuales, pero podemos, y debemos, ir un poco más allá.

Considerando la cantidad de producción audiovisual que se está haciendo, como aspirantes a científicos sociales, deberíamos cuidar un poquito esa faceta de análisis, procurar ver más allá de los saltos de eje o los fallos de raccord, tomar una distancia crítica y considerar que, igual que aplicamos los conceptos de la teoría literaria a la sociología o al análisis de la imagen fija, deberíamos considerar la aplicación de la semiótica a este tipo de piezas (por ejemplo, el modelo semiótico-enunciacional de Manetti: ¿qué autor y qué receptor están implícitos en los textos audiovisuales hegemónicos?), para no perdernos una de las manifestaciones culturales que se están dando de forma masiva en nuestras sociedades.

Si ni siquiera nosotros hacemos ese esfuerzo de considerar los productos mediáticos como manifestación cultural, de contextualizarlos, de entenderlos en su dimensión más amplia; si aquellos docentes que ya trabajan con medios en las aulas no empiezan por tratarlos como algo más que un elemento de la iconosfera, entonces aspirar a que la educomunicación forme parte del sistema educativo de forma reglada me parece querer empeza la casa por el tejado...